Se toma uno el café temprano, sintiendo la brisa del frente frío 41 y a la espera de un poco más del calor que define a Cozumel en la primavera, y se da cuenta de que en la política, como en la pesca, hay quienes lanzan el anzuelo antes de tiempo, no sé si por hambre o por puro nervio. Y resulta que en este tablero quintanarroense, el despertador sonó antes de lo previsto y los jugadores han empezado a mover sus piezas con una prisa que levanta más dudas que certezas.
El PRI: ¿Estrategia o nostalgia en el tablero?
En el PRI, ese partido que muchos ya daban por dormido en la hamaca, les dio por madrugar. Alito Moreno, desde la comodidad del centro, soltó tres nombres para la joya de la corona en el 2027, y uno se pregunta si realmente es un golpe estratégico o si nomás le están midiendo el agua a los camotes para ver qué tanto vapor sale de la olla.
La lista la encabeza Cora Amalia Castilla Madrid, una chetumaleña que ha recorrido todos los pasillos del poder, desde la alcaldía de Othón Pompeyo Blanco hasta secretarías de gobierno. Le sigue Filiberto Martínez, el operador de Playa del Carmen que lo mismo te hace un video que te mueve una estructura, y Leslie Hendricks, que carga con el peso del apellido y la nostalgia de un Quintana Roo que ya no es el mismo. De entrada, el panorama se siente como un reencuentro de la vieja guardia, con cuadros conocidos, sí, pero que en el tablero actual parecen más un despliegue de nostalgia que una amenaza real frente a lo que ha mostrado la aplanadora de Morena. ¿Es una carnada para ver quién muerde o un grito desesperado para decir aquí seguimos vivos?
Pero bajemos la lupa a nuestra isla, porque aquí el café se toma de otra forma, o como se dice, la política se cuece aparte. En Cozumel han empezado a circular fotografías que huelen a archivo: ex presidentes, ex gobernadores y personajes que en su momento fueron el eje del poder priísta. Y en el centro de ese álbum de recuerdos aparece Juan Carlos González Hernández. El ex alcalde (2008-2011) anda entre que sí y que no, moviéndose con esa discreción que solo tienen los que saben que en política el que se mueve no sale en la foto, pero que ya se deja ver en reuniones con líderes de colonia. Mensajes entre líneas, como una forma de decir que la vieja guardia no se ha ido del todo y que el 2027 podría ser su última gran batalla por la silla municipal.
El Verde: Entre advertencias y el amago de ir solos
Sin embargo, el PRI no es el único que anda con el despertador adelantado. En el búnker del Verde, la cosa se puso color de hormiga. Mientras Karen Castrejón ya suena para Guerrero, el senador Manuel Velasco soltó una de esas frases que suenan a advertencia cariñosa: si en la alianza con Morena y el PT no se respetan las encuestas, podrían irse solitos.
En Quintana Roo, donde también habrá relevo en la gubernatura, esto levanta más dudas que certezas. El mensaje de Velasco no parece ser un simple comentario al aire, sino una ficha de negociación para subirle el precio a su lealtad. ¿Se fracturará el bloque oficialista o es simplemente el estira y afloja necesario para asegurar cuotas de poder? La advertencia está en la mesa, y aunque no se mencione un nombre específico para el estado, las declaraciones levantan pocas certidumbres y muchas preguntas sobre cómo quedará armada la estructura de la alianza cuando el calor electoral este al rojo.
Reflexión de banquetera
Al final del día, el análisis de banqueta nos dice que adelantarse tanto suele ser un arma de doble filo. El PRI apuesta por la experiencia de rostros ya conocidos, intentando revivir un pasado que para muchos ya es historia, mientras que el Verde lanza amagos de independencia para no quedar diluido en la sombra del gigante.
En este juego anticipado, Cozumel observa, sabe que los madruguetes a veces solo sirven para llegar primero a un lugar vacío. El café de hoy nos deja un sabor de incertidumbre, y nos confirma que el 2027 ya empezó a jugarse en la mente de unos cuantos, aunque el pueblo todavía esté pensando en el sustento de mañana. Estaremos pendientes, porque en esta isla, las olas políticas suelen cambiar cuando menos uno lo espera.












