InicioColumnasExpresso: Reingeniería electoral y el examen de la silla

Expresso: Reingeniería electoral y el examen de la silla

Por: Víctor Hernández Luna

Hay fines de semana que se disfrutan con la calma del malecón, y otros que se sudan en el tablero de la estrategia. Este que acaba de pasar fue de los segundos. Mientras la mayoría de los cozumeleños buscaba un respiro bajo la sombra, en los centros neurálgicos de la política se terminaba de cocinar lo que muchos llaman el «Plan B» de la reforma electoral. Un movimiento que, aunque parece lejano o de escritorio nacional, es en realidad la reingeniería de los rieles por donde correrá el tren del 2027.

La discusión no es menor. Se trata de ajustar las reglas del juego cuando los jugadores ya están en la cancha. Pero más allá de los tecnicismos legales y el jaloneo en las cúpulas, lo que se percibe es una duda legítima: ¿están listos los que hoy mandan para las reglas de mañana? Porque el «Plan B» no es solo un cambio de leyes, es un cambio de mentalidad que exige dejar atrás la improvisación para entrar al terreno del rigor institucional.

Y es precisamente ahí donde la narrativa de este fin de semana dio un giro interesante. Bajo la premisa de fortalecer el trabajo desde lo local, los presidentes municipales se dieron cita en la llamada Escuela Municipalista. Un espacio, concebido como un foro de diálogo y aprendizaje constante, contó con la presencia de Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, quien marcó la pauta sobre la responsabilidad que recae en los ayuntamientos como la primera línea de contacto con el pueblo. Fue un ejercicio de introspección política donde quedó claro que gobernar hoy requiere mucho más que buena voluntad.

En ese grupo, entre el intercambio de experiencias y visiones de futuro, destacó la presencia de José Luis Chacón Méndez. Al alcalde de Cozumel se le vio en una postura que vale la pena analizar: la del alumno que sabe que el examen viene difícil. En un entorno donde la soberbia suele ser la enfermedad del poder, ver al edil de la isla sumergido en estos procesos de formación política y administrativa dentro de la Escuela Municipalista envía un mensaje de seriedad. No llegó con aires de quien ya lo sabe todo, sino con la disposición de quien entiende que para defender los intereses de la Isla de las Golondrinas, primero hay que dominar las reglas del juego que se dictan en el centro.

Esta preparación de Chacón Méndez y sus homólogos no es obra de la casualidad. Es el sello de una gobernanza que hoy encabeza Mara Lezama, donde el se vale aprender es la premisa para no fallarle al pueblo. Al alcalde se le nota enfocado en profesionalizar la administración municipal, consciente de que los retos de Cozumel no se resuelven con carisma de campaña, sino con la pericia de un funcionario que se sienta a estudiar su realidad para fortalecer el trabajo desde el municipio.

Al final, la reforma electoral y la capacitación de los alcaldes en estos espacios de diálogo son dos caras de la misma moneda. Unas reglas que se vuelven más estrictas y unos gobernantes que se ven obligados a elevar su nivel de juego. El café de esta mañana nos deja un sabor de institucionalidad; nos dice que, al menos en la intención, se está buscando que el poder no se use para el lucimiento personal, sino para la ejecución técnica de un proyecto. Veremos si lo aprendido en el aula se traduce en bienestar en las colonias, pero por ahora, el gesto de preparación de Chacón Méndez le da un respiro de certidumbre.

De encuestas patito, likes de plástico y la falta de suela

Se toma uno el café por la mañana, y lo primero que salta al abrir el Facebook no es el aviso del próximo «Norte» o el horario de los barcos, sino una gráfica colorida de una página que ayer no existía. En Cozumel, la política siempre ha sido de contacto, de abrazo y de plática en la banqueta, pero ahora parece que algunos pretenden ganar la «grilla» desde la comodidad del aire acondicionado, inyectándole pesos a los algoritmos para fabricar una realidad que nomás no se ve en las colonias.

Con el calendario del 2027 ya asomando la nariz, hemos pasado del rumor de pasillo a la guerra de los «likes». Es curioso, por decir lo menos, ver cómo de pronto surgen encuestas con nombres rimbombantes que suenan a consultoría de la capirucha, pero que tienen todo el aroma de un cuarto de guerra desesperado. En esos sondeos, el que paga el «boost» siempre sale bendecido como el favorito de la San Gervasio o la 10 de Abril, aunque en la vida se le haya visto empolvándose los zapatos en esas mismas calles.

El problema de este «periodismo de gráficas» y aplausos digitales es que es un espejo mentiroso. El algoritmo es traicionero: te muestra lo que quieres ver y te rodea de gente que te dice que «sí a todo» porque, al final del día, son cuentas creadas a miles de kilómetros o bots que no tienen ni credencial de elector ni corazón cozumeleño. Creerse el cuento de que un «me encanta» en redes sociales se va a traducir en un voto en la urna es, por decir lo menos, pecar de ingenuo. La política real, la que se mastica en el centro y se suda en las periferias, no tiene filtros de Instagram.

Lo que estamos viendo es una efervescencia que tiene prisa. Los suspirantes saben que las definiciones de Morena y sus aliados vienen en cascada y que el tiempo corre. Por eso intentan forzar la mano de las dirigencias en Chetumal presumiendo un músculo digital que, a la hora de la verdad, es puro aire.

Ya veremos cuántos de estos liderazgos de pantalla resisten el primer «chubasco» de una campaña de verdad. Por ahora, el desfile de barritas y porcentajes seguirá inundando nuestros muros, pero el ciudadano de la isla ya está curtido. El café de hoy nos dice que los algoritmos no votan y que el poder, ese que es legítimo, se gana con suela de zapato y no con clics virtuales. El que quiera ser, que salga al sol.

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Por: Víctor Hernández Luna

Hay fines de semana que se disfrutan con la calma del malecón, y otros que se sudan en el tablero de la estrategia. Este que acaba de pasar fue de los segundos. Mientras la mayoría de los cozumeleños buscaba un respiro bajo la sombra, en los centros neurálgicos de la política se terminaba de cocinar lo que muchos llaman el «Plan B» de la reforma electoral. Un movimiento que, aunque parece lejano o de escritorio nacional, es en realidad la reingeniería de los rieles por donde correrá el tren del 2027.

La discusión no es menor. Se trata de ajustar las reglas del juego cuando los jugadores ya están en la cancha. Pero más allá de los tecnicismos legales y el jaloneo en las cúpulas, lo que se percibe es una duda legítima: ¿están listos los que hoy mandan para las reglas de mañana? Porque el «Plan B» no es solo un cambio de leyes, es un cambio de mentalidad que exige dejar atrás la improvisación para entrar al terreno del rigor institucional.

Y es precisamente ahí donde la narrativa de este fin de semana dio un giro interesante. Bajo la premisa de fortalecer el trabajo desde lo local, los presidentes municipales se dieron cita en la llamada Escuela Municipalista. Un espacio, concebido como un foro de diálogo y aprendizaje constante, contó con la presencia de Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, quien marcó la pauta sobre la responsabilidad que recae en los ayuntamientos como la primera línea de contacto con el pueblo. Fue un ejercicio de introspección política donde quedó claro que gobernar hoy requiere mucho más que buena voluntad.

En ese grupo, entre el intercambio de experiencias y visiones de futuro, destacó la presencia de José Luis Chacón Méndez. Al alcalde de Cozumel se le vio en una postura que vale la pena analizar: la del alumno que sabe que el examen viene difícil. En un entorno donde la soberbia suele ser la enfermedad del poder, ver al edil de la isla sumergido en estos procesos de formación política y administrativa dentro de la Escuela Municipalista envía un mensaje de seriedad. No llegó con aires de quien ya lo sabe todo, sino con la disposición de quien entiende que para defender los intereses de la Isla de las Golondrinas, primero hay que dominar las reglas del juego que se dictan en el centro.

Esta preparación de Chacón Méndez y sus homólogos no es obra de la casualidad. Es el sello de una gobernanza que hoy encabeza Mara Lezama, donde el se vale aprender es la premisa para no fallarle al pueblo. Al alcalde se le nota enfocado en profesionalizar la administración municipal, consciente de que los retos de Cozumel no se resuelven con carisma de campaña, sino con la pericia de un funcionario que se sienta a estudiar su realidad para fortalecer el trabajo desde el municipio.

Al final, la reforma electoral y la capacitación de los alcaldes en estos espacios de diálogo son dos caras de la misma moneda. Unas reglas que se vuelven más estrictas y unos gobernantes que se ven obligados a elevar su nivel de juego. El café de esta mañana nos deja un sabor de institucionalidad; nos dice que, al menos en la intención, se está buscando que el poder no se use para el lucimiento personal, sino para la ejecución técnica de un proyecto. Veremos si lo aprendido en el aula se traduce en bienestar en las colonias, pero por ahora, el gesto de preparación de Chacón Méndez le da un respiro de certidumbre.

De encuestas patito, likes de plástico y la falta de suela

Se toma uno el café por la mañana, y lo primero que salta al abrir el Facebook no es el aviso del próximo «Norte» o el horario de los barcos, sino una gráfica colorida de una página que ayer no existía. En Cozumel, la política siempre ha sido de contacto, de abrazo y de plática en la banqueta, pero ahora parece que algunos pretenden ganar la «grilla» desde la comodidad del aire acondicionado, inyectándole pesos a los algoritmos para fabricar una realidad que nomás no se ve en las colonias.

Con el calendario del 2027 ya asomando la nariz, hemos pasado del rumor de pasillo a la guerra de los «likes». Es curioso, por decir lo menos, ver cómo de pronto surgen encuestas con nombres rimbombantes que suenan a consultoría de la capirucha, pero que tienen todo el aroma de un cuarto de guerra desesperado. En esos sondeos, el que paga el «boost» siempre sale bendecido como el favorito de la San Gervasio o la 10 de Abril, aunque en la vida se le haya visto empolvándose los zapatos en esas mismas calles.

El problema de este «periodismo de gráficas» y aplausos digitales es que es un espejo mentiroso. El algoritmo es traicionero: te muestra lo que quieres ver y te rodea de gente que te dice que «sí a todo» porque, al final del día, son cuentas creadas a miles de kilómetros o bots que no tienen ni credencial de elector ni corazón cozumeleño. Creerse el cuento de que un «me encanta» en redes sociales se va a traducir en un voto en la urna es, por decir lo menos, pecar de ingenuo. La política real, la que se mastica en el centro y se suda en las periferias, no tiene filtros de Instagram.

Lo que estamos viendo es una efervescencia que tiene prisa. Los suspirantes saben que las definiciones de Morena y sus aliados vienen en cascada y que el tiempo corre. Por eso intentan forzar la mano de las dirigencias en Chetumal presumiendo un músculo digital que, a la hora de la verdad, es puro aire.

Ya veremos cuántos de estos liderazgos de pantalla resisten el primer «chubasco» de una campaña de verdad. Por ahora, el desfile de barritas y porcentajes seguirá inundando nuestros muros, pero el ciudadano de la isla ya está curtido. El café de hoy nos dice que los algoritmos no votan y que el poder, ese que es legítimo, se gana con suela de zapato y no con clics virtuales. El que quiera ser, que salga al sol.

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