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Vox Populi | Entre la herencia del pasado y la promesa del segundo piso

Por Irving Canul Carrión


Entre la herencia del pasado y la promesa del segundo piso

En política hay dos tipos de milagros: los que se prometen en campaña y los que la realidad se encarga de desmentir en el ejercicio del poder. Quintana Roo, tierra de paraísos turísticos y también de viejas inercias políticas, hoy vive ese “curioso” punto medio donde conviven la esperanza del cambio con la pesada mochila del pasado. ¡Y qué pasado tan pesado!

La gobernadora Mara Lezama Espinosa hizo historia al convertirse en la primera mujer en encabezar el Ejecutivo estatal. Un hecho que, más allá del simbolismo político, representa también una narrativa que su propio gobierno ha definido como “humanista, con corazón feminista”. Y en ese relato de transformación — tan repetido como esperado- se inscribe la promesa de construir el llamado segundo piso de la 4ta Transformación.

Pero conviene poner los pies sobre la tierra antes de exigir milagros administrativos. Porque si algo queda claro es que pretender que en tres años se erradique lo que durante décadas sembraron gobiernos del PRI y del PAN es tan ingenuo como creer que una obra pública se inaugura con sólo cortar el listón. Las viejas estructuras de poder, la burocracia oxidada, los rezagos sociales y las inercias institucionales no desaparecen por decreto ni por discurso mañanero. Menos en Quintana Roo.

Y ahí está el verdadero dilema del actual gobierno estatal: transformar sin pretextos, pero también sin negar la herencia recibida. Reitero, no es pretextar, es reconocer la compleja re ingeniería que toca acelerar a esta administración, al paso de la dinámica política y social en la entidad, ¡ah y sus 11 municipios! Poca cosa no es.

Porque la historia reciente del Estado no se explica sin esos años donde el poder transitó entre colores partidistas, pero rara vez cambió la lógica del gobierno. Administraciones que crecieron al mismo ritmo que el turismo… y también que los problemas estructurales. Problemas que se heredaron y siguen hoy pensando al Ejecutivo Estatal y “pior” tantito, al pueblo quintanarroense. 

En ese contexto, el gobierno de Mara Lezama ha logrado algo que en política vale oro: mantener hoy  altos niveles de aprobación ciudadana. Las encuestas nacionales y las mediciones internas de su propio partido, MORENA, la colocan entre las gobernadoras mejor evaluadas del país. Algo estarán haciendo bien. ¿No cree Usted?

En materia de seguridad — tema históricamente sensible para un estado turístico- se han impulsado estrategias de coordinación con el gobierno federal. En turismo, el motor económico del Caribe mexicano, se ha mantenido la promoción y la infraestructura que sostienen la llegada de millones de visitantes cada año. Y en obra pública y servicios, el gobierno estatal intenta mostrar músculo con proyectos que buscan reducir rezagos en colonias y comunidades. Hasta ahí, los aciertos.

Pero sería un error político — y un acto de ingenuidad administrativa- confundir aprobación con misión cumplida. Porque si algo exige hoy la ciudadanía es profundidad en el cambio, no sólo continuidad en el discurso. La transformación no se mide por el color del partido en el poder, sino por la eficacia de sus resultados. Y ahí todavía hay mucho camino por recorrer.

La burocracia sigue cargando inercias, algunos municipios avanzan a ritmos distintos y, en ciertos casos, la esperada “transformación” parece quedarse atrapada entre anuncios, programas y buenas intenciones. Nada extraño en un proceso político que apenas suma siete años de haber llegado a nivel federal, tres a nivel estatal y que apenas comienza a consolidarse en varios municipios.

Tomemos como ejemplo a Cozumel, donde ya transcurre la segunda administración municipal bajo el color guinda. El laboratorio político de la 4T local donde la ciudadanía — con paciencia caribeña, pero memoria electoral- observa si el proyecto realmente se consolida o si termina siendo otro capítulo más de promesas recicladas.

Porque la política tiene memoria… y calendario. Y ese calendario marca una fecha clave: 2027. Ese año no sólo se renovarán espacios de poder; también se pondrá a prueba si la llamada transformación logró arraigarse en la confianza ciudadana o si la oposición — esa misma que durante décadas gobernó- logra reagruparse y recuperar terreno o solo le gusta tomarse fotos para las redes sociales, a falta de algo más propositivo y productivo que hacer.

En otras palabras: el tiempo de los discursos se está acortando y el de los resultados comienza a correr más rápido. Por eso el reto del gobierno estatal no es menor. Mantener la consolidación del cambio, registrar avances reales y, sobre todo, escuchar más allá de los aplausos de las encuestas.

Porque en política, como en la vida, los halagos suelen ser pasajeros… pero los pendientes permanecen. Y si algo necesita Quintana Roo en esta etapa de su historia es justamente eso: menos triunfalismo prematuro y más transformación tangible. La oportunidad está sobre la mesa. El respaldo ciudadano, por ahora, también.

Pero como bien sabe cualquier gobierno – y más uno que se define transformador- la verdadera prueba no está en el arranque del proyecto… sino en demostrar que el cambio llegó para quedarse. Porque al final del día, la VOX POPULI – esa voz del pueblo que inspira esta columna- siempre termina recordando una verdad incómoda para cualquier poder: La esperanza se construye con resultados… no sólo con promesas. ¿Qué no? 

Nos leemos en la siguiente entrega de ste espacio, mientras tanto les, analice, dele like, opine, proponga, y comparta o cuénteselo a quien más confianza le tenga, recuerde que como decía el comercial ochentero: ¡Ojo, mucho ojo! O era ¿ojo por ojo…? Hasta la próxima.

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Por Irving Canul Carrión


Entre la herencia del pasado y la promesa del segundo piso

En política hay dos tipos de milagros: los que se prometen en campaña y los que la realidad se encarga de desmentir en el ejercicio del poder. Quintana Roo, tierra de paraísos turísticos y también de viejas inercias políticas, hoy vive ese “curioso” punto medio donde conviven la esperanza del cambio con la pesada mochila del pasado. ¡Y qué pasado tan pesado!

La gobernadora Mara Lezama Espinosa hizo historia al convertirse en la primera mujer en encabezar el Ejecutivo estatal. Un hecho que, más allá del simbolismo político, representa también una narrativa que su propio gobierno ha definido como “humanista, con corazón feminista”. Y en ese relato de transformación — tan repetido como esperado- se inscribe la promesa de construir el llamado segundo piso de la 4ta Transformación.

Pero conviene poner los pies sobre la tierra antes de exigir milagros administrativos. Porque si algo queda claro es que pretender que en tres años se erradique lo que durante décadas sembraron gobiernos del PRI y del PAN es tan ingenuo como creer que una obra pública se inaugura con sólo cortar el listón. Las viejas estructuras de poder, la burocracia oxidada, los rezagos sociales y las inercias institucionales no desaparecen por decreto ni por discurso mañanero. Menos en Quintana Roo.

Y ahí está el verdadero dilema del actual gobierno estatal: transformar sin pretextos, pero también sin negar la herencia recibida. Reitero, no es pretextar, es reconocer la compleja re ingeniería que toca acelerar a esta administración, al paso de la dinámica política y social en la entidad, ¡ah y sus 11 municipios! Poca cosa no es.

Porque la historia reciente del Estado no se explica sin esos años donde el poder transitó entre colores partidistas, pero rara vez cambió la lógica del gobierno. Administraciones que crecieron al mismo ritmo que el turismo… y también que los problemas estructurales. Problemas que se heredaron y siguen hoy pensando al Ejecutivo Estatal y “pior” tantito, al pueblo quintanarroense. 

En ese contexto, el gobierno de Mara Lezama ha logrado algo que en política vale oro: mantener hoy  altos niveles de aprobación ciudadana. Las encuestas nacionales y las mediciones internas de su propio partido, MORENA, la colocan entre las gobernadoras mejor evaluadas del país. Algo estarán haciendo bien. ¿No cree Usted?

En materia de seguridad — tema históricamente sensible para un estado turístico- se han impulsado estrategias de coordinación con el gobierno federal. En turismo, el motor económico del Caribe mexicano, se ha mantenido la promoción y la infraestructura que sostienen la llegada de millones de visitantes cada año. Y en obra pública y servicios, el gobierno estatal intenta mostrar músculo con proyectos que buscan reducir rezagos en colonias y comunidades. Hasta ahí, los aciertos.

Pero sería un error político — y un acto de ingenuidad administrativa- confundir aprobación con misión cumplida. Porque si algo exige hoy la ciudadanía es profundidad en el cambio, no sólo continuidad en el discurso. La transformación no se mide por el color del partido en el poder, sino por la eficacia de sus resultados. Y ahí todavía hay mucho camino por recorrer.

La burocracia sigue cargando inercias, algunos municipios avanzan a ritmos distintos y, en ciertos casos, la esperada “transformación” parece quedarse atrapada entre anuncios, programas y buenas intenciones. Nada extraño en un proceso político que apenas suma siete años de haber llegado a nivel federal, tres a nivel estatal y que apenas comienza a consolidarse en varios municipios.

Tomemos como ejemplo a Cozumel, donde ya transcurre la segunda administración municipal bajo el color guinda. El laboratorio político de la 4T local donde la ciudadanía — con paciencia caribeña, pero memoria electoral- observa si el proyecto realmente se consolida o si termina siendo otro capítulo más de promesas recicladas.

Porque la política tiene memoria… y calendario. Y ese calendario marca una fecha clave: 2027. Ese año no sólo se renovarán espacios de poder; también se pondrá a prueba si la llamada transformación logró arraigarse en la confianza ciudadana o si la oposición — esa misma que durante décadas gobernó- logra reagruparse y recuperar terreno o solo le gusta tomarse fotos para las redes sociales, a falta de algo más propositivo y productivo que hacer.

En otras palabras: el tiempo de los discursos se está acortando y el de los resultados comienza a correr más rápido. Por eso el reto del gobierno estatal no es menor. Mantener la consolidación del cambio, registrar avances reales y, sobre todo, escuchar más allá de los aplausos de las encuestas.

Porque en política, como en la vida, los halagos suelen ser pasajeros… pero los pendientes permanecen. Y si algo necesita Quintana Roo en esta etapa de su historia es justamente eso: menos triunfalismo prematuro y más transformación tangible. La oportunidad está sobre la mesa. El respaldo ciudadano, por ahora, también.

Pero como bien sabe cualquier gobierno – y más uno que se define transformador- la verdadera prueba no está en el arranque del proyecto… sino en demostrar que el cambio llegó para quedarse. Porque al final del día, la VOX POPULI – esa voz del pueblo que inspira esta columna- siempre termina recordando una verdad incómoda para cualquier poder: La esperanza se construye con resultados… no sólo con promesas. ¿Qué no? 

Nos leemos en la siguiente entrega de ste espacio, mientras tanto les, analice, dele like, opine, proponga, y comparta o cuénteselo a quien más confianza le tenga, recuerde que como decía el comercial ochentero: ¡Ojo, mucho ojo! O era ¿ojo por ojo…? Hasta la próxima.

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