Por: Victor Manuel Hernández Luna
Se toma uno el primer café de la mañana y, la verdad, mientras el vapor me empaña un poco los lentes, el relajo político nacional empieza a verse más como un juego de vencidas que como un simple cambio de oficina. Porque no nos hagamos tarugos, lo que está pasando en MORENA y en los pasillos de Palacio tiene más fondo que una taza de espresso doble.
Para empezar, hablemos de la salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia del partido. No crean que se fue a descansar; se regresó derechito a la Consejería Jurídica de la Presidencia. El chiste se cuenta solo. En un país donde te meten un amparo hasta por estornudar, la presidenta Claudia Sheinbaum necesita a alguien que no solo le sepa a las leyes, sino que le cuide las espaldas de a de veras, sin intermediarios.
Pero lo que de verdad me hizo levantar la ceja fue lo de Esthela Damián. Miren que dejar la comodidad de Palacio para irse de «Coordinadora de la Defensa» allá en Guerrero… eso no es un premio, es que la mandaron a la guerra. Esthela ha sido la sombra y la mano derecha de Claudia desde hace años, y mandarla a un estado que está que arde es la señal más clara de que la Presidenta ya no quiere que le cuenten cuentos los grupos locales que todavía huelen a la herencia de «ya saben quién».
¿Sera que por fin estamos viendo el mentado corte del cordón umbilical? Porque la propia Claudia, con esa calma que maneja en las mañaneras, soltó que a estos cambios se les pueden dar “muchas interpretaciones”. O sea: «piensen lo que quieran, que yo ya puse a mi gente». Aseguró que es para afianzar el rumbo, pero lo que se lee entre líneas es que está armando su propio equipo, con la gente que mas confía y bajo sus propias reglas.
La oposición, que a veces parece que vive en otro planeta, ya salió a decir que esto es una mala jugada para el 2027. ¡Por favor! Si algo saben hacer en ese grupo es calcular los daños. Mandar a sus piezas de confianza a los puntos críticos no es debilidad, es marcar territorio. Es decir: «aquí mando yo, y mis canicas son estas».
Al final, la política es como el café: a veces te quema, pero siempre te mantiene despierto. Claudia está tomando el timón y, aunque la sombra de López Obrador sea larga, parece que ella ya se mandó a hacer su propia silla. En la política todo puede pasar, pero hoy, el tablero se mueve a un ritmo que ya no suena a tabasqueño.
Por cierto, ya con la segunda taza de cafe en mano, uno no puede evitar pensar que la política, sobre todo la de nosotros aquí en el estado, se parece cada vez más a una función de lucha libre de esas de domingo por la tarde. Todo es grito, máscara, lances desde la tercera cuerda y una que otra silla volando por los aires, pero al final… ah, el final es lo mero bueno.
Me vino a la memoria aquel pasaje de José Emilio Pacheco en El Principio del Placer. ¿Se acuerdan del muchacho que se ponía bien mal en la arena viendo como los rudos hacían mil trampas y los técnicos sufrían? Casi se le sale el corazón del coraje por la injusticia. Pero la magia se rompe cuando, al salir de la función, ve a los mismos luchadores —los que hace diez minutos se estaban dando con todo— subiéndose al mismo carro, compartiendo el refresco y riéndose de lo lindo por lo bien que les salió el show.
Así mero se siente el ambiente por acá en Quintana Roo.
Este fin de semana el tablero se movió fuerte. Por un lado, apareció Rafael Marín Mollinedo, que dicen que anda buscando la gubernatura y se trajo a varios funcionarios clave para pasar lista. Por el otro, Eugenio «Gino» Segura, que muchos dicen que es el mero gallo de la temporada, se tomó la foto con los alcaldes del estado, enseñando músculo y sacando la sonrisa de candidato.
Y ahí es donde el relajo se pone interesante. En los grupos de WhatsApp y en los cafés de Playa y Cozumel ya se habla de «traiciones» y de deslealtades que parecen de serie de Netflix. Y si, no digo que no las haya, en este negocio la lealtad dura lo que dura el presupuesto. Pero lo verdaderamente chistoso de este asunto es que, al igual que los luchadores de Pacheco, al final todos terminan en la misma mesa.
Porque miren, ya sea que quede Rafa, que quede Gino, o que la tómbola decida que sea otra mujer la que lleve la batuta, el resultado sera el mismo: todos los que hoy salen en las fotos de un bando o del otro, se van a terminar alineando. O se alinean y sonríen para la foto de la «unidad», o simplemente se quedan fuera de la jugada y, lo peor, fuera de la nómina.
En la política local hubieron muchos que juraron bandera y luego los vimos cargando el maletín del que antes criticaban. Así que no se me apasione mucho con los sombrerazos que ve en el ring. Al final, cuando se apagan las luces de la campaña y se quitan las máscaras, todos se suben al mismo taxi rumbo al poder.
Como decía Pacheco, el placer es de los que se creen el cuento; el negocio es de los que saben que, abajo del ring, todos son compadres.
Tostón Filosofal: El que quiera azul celeste…
A veces uno se pasa la vida pidiendo milagros sin darse cuenta que, cuando el cielo por fin nos escucha, la respuesta no siempre es la canción que queríamos bailar. En la isla se lleva años, pero años de veras, con la misma cantaleta: que si las navieras son unas tacañas, que si el gobierno no presiona, que si se necesita que los cruceros se queden a dormir para que Cozumel vuelva a ser el de antes. Pues bueno, ya contestaron, y la verdad es que el «tostón» salió mas caro de lo que pensábamos.
La encargada de dar el baño de realidad fue Michelle Paige, la mera jefa de la FCCA. Y miren que no anduvo con rodeos ni con diplomacias de esas que no dicen nada. Su respuesta fue un derechazo directo a la mandíbula del sector empresarial: ¿Quieren que los barcos se queden más tiempo? Pues denles algo qué hacer a los pasajeros, porque ahorita no hay nada.
La señora Paige fue muy clara: el turista no se va a quedar en un puerto donde a las 10:30 de la noche ya te están corriendo de los restaurantes porque los muchachos de la cocina ya quieren cerrar y ya guardaron hasta las servilletas. ¿Vida nocturna? Por favor. Si los pocos centros nocturnos que quedan abiertos a veces parece que están esperando al turista no para atenderlo, sino para desplumarlo con los precios en dolares como si no hubieran un mañana.
La filosofía de este asunto es simple: no puedes pedir que el barco se quede si la ciudad se apaga. El sector privado ha estado duro y dale con la exigencia, pero a la hora de invertir en oferta turística real, en tours nocturnos de calidad o en mantener las cocinas abiertas, ahí sí como que les da frío.
La jefa de las navieras puso los puntos sobre las íes. O el empresariado se involucra de verdad y le mete ganas a crear atractivos que valgan la pena, o ese sueño de devolverle a Cozumel su vida de noche sera otro más de los cuentos guajiros que nos venimos contando a nosotros mismos cada vez que baja el turismo.
Al final del día, la pelota no está en la cancha de las autoridades ni de las navieras, está en la mesa de los que se quejan pero no quieren pagar el costo de la luz después de las diez. Como dicen por ahí, para tener la iglesia llena hay que saber dar la misa, y aquí parece que nos estamos quedando dormidos antes del Amén.
A de ser que nos gusta más la queja que la chamba.
Al tiempo… y ojalá no nos cierren la cocina.












