Por: Víctor Hernández
Se toma uno el café por la mañana, sintiendo cómo la humedad de la isla se pega a la taza, y lee las noticias que llegan desde el centro del país. Resulta que el PAN nacional, en un arranque de lucidez o quizás de pura supervivencia, ha lanzado una nueva línea: dicen que ahora sí, las candidaturas ciudadanas irán por encima de los «eternos» líderes políticos. Suena bien, de verdad que suena a algo fresco, renovado, pero aquí en Quintana Roo, el aroma que llega desde la capital del estado sigue teniendo ese tufo a rancio de siempre.
La noticia de priorizar al ciudadano frente al político de carrera llega en un momento donde el panismo estatal parece un barco que hace agua por todos lados. Y es inevitable recordar cuando Reyna Tamayo asumió la dirigencia. Con el discurso fresco de quien promete un cambio, nos vendió la idea de que bajo su mando el PAN sería distinto, que sacudiría las viejas mañas. Sin embargo, el tiempo, ese juez testarudo, nos ha demostrado que terminó siendo «PAN de lo mismo». Siguió el manual de sus antecesores, manteniendo al partido sumido en una de sus peores fases, con una militancia desmoralizada y una dirigencia que parece más cómoda en el arreglo de cúpula que en el asfalto de las colonias.
Pero bajemos la lupa a Cozumel, donde la «grilla» tiene su propio sabor. Aquí en la isla, la propuesta ciudadana existe; hay gente con ganas, con visión y que ha levantado la mano a tiempo y en forma. Pero la historia se repite: la famosa «alianza» los ha desdeñado sistemáticamente. Los ignoran en favor de los acuerdos de las cúpulas, dejando a un lado a perfiles que realmente podrían conectar con el sentimiento de la población.
Lo que uno espera, quizás con una dosis de optimismo que ya raya en la ingenuidad, es que esta nueva disposición nacional se acate de verdad. Es hora de que abran las puertas, y no solo a los ciudadanos de fuera, sino que volteen a ver, tal vez, y solo tal vez, a esos nuevos cuadros dentro de su propia militancia. Esos panistas de a pie que han luchado durante años desde la base, que han aguantado los malos tiempos sin recibir nada a cambio y que, por la falta de visibilidad que les imponen sus propios líderes, han quedado en la sombra. Estos cuadros podrían hacer un papel mucho más digno y competitivo que los mismos nombres que se reciclan cada tres años.
El análisis de banqueta nos dice que si el PAN quiere sobrevivir en Cozumel y en Quintana Roo, tiene que dejar de verse al espejo y empezar a ver por la ventana, abrir las puertas de verdad. La ciudadanía no pide milagros, pide caras nuevas y honestidad. Si insisten en mantener los cerrojos oxidados de la dirigencia de Reyna Tamayo, el resultado será el de siempre: un partido testimonial que solo sirve para que unos cuantos mantengan sus privilegios mientras la institución se desmorona. El café de hoy nos deja un sabor de duda; veremos si este «madruguete ciudadano» es real o si es solo otro espejismo azul para intentar ganar un tiempo que ya no tienen.











